Por Francisco de Asís García Troya

El prisma desde donde mirar el arte refleja un sincretismo religioso y es que el arte desde siempre ha estado relacionado con la religión. Esta ha hecho que el arte se identifique con la fe. La persona que se afana en buscar por ejemplo en la pintura una relación con la iglesia la encuentra incluso en la mitología, que a partir del renacimiento impulso una vanguardia religiosa. Ahora hay poco arte relacionado con la religión, las nuevas creaciones giran en un mundo utópico construido sobre cimientos futuristas. El pensador muestra hacia las nuevas creaciones un optimismo basado en la credibilidad. El costumbrismo pictórico se centra no tanto en el talento de los pintores, sino en su afán por encontrar un mundo mejor en sus creaciones. La labor y el talento de los creadores que con su espíritu impregnan las obras hace crecer el talento de las creaciones.


Un pintor inquieto crea cuadros inquietos, y así sucesivamente dejando entrever un cuadro de pinturas. El artista desde siempre ha querido reflejar en sus obras su talento para crear, los hay buenos y no tan buenos porque cada obra creada es en si obra por lo que pueda mostrar al espectador. La rememoranza a un estudio del arte en el que sin interés exacerbado identifique el espíritu creador, crea lo que determina la teoría del arte de cada pintor. Reflejar el mundo tal y como es sin tener un razonamiento es una forma de crear. Para innovar hay que aprender y estudiar y no todo es así, la vida no es del todo de color de rosa como la pintan. El espíritu del artista ve en su realidad, en las calles de una ciudad en los paisajes de la naturaleza una forma de inspiración. La laguna creada por la falta de reflexión de la vida lleva a establecer un parón tanto artístico como filosófico. La mente humana enfrenta su destino como los mares a las rocas del mar, y se fragua en el mundo en el que vive, su destino forma parte de la reflexión del artista a lo largo del tiempo, cuando desvanece el sentimiento utópico, crece la moral y la reflexión en la fe dando paso a un nuevo mundo que será desconocido, así el sentimiento de poder del hombre manifiesta la reflexión que le lleva a esperanzar un camino mejor. El reflejo de algo que sea propicio y esperanzador muestra no tanto un sentimiento de culpa mas que un momento de inspiración artística. El mundo puede llegar a ser muy pequeño si la ambición es mayor. Para terminar con un legado utópico lleno de costumbrismo mediático no solo la fe, sino todo lo creado es el fin último de un modo reflejado de conocimiento. A lo largo de los caminos de la fe las creaciones han mostrado de todo desde un sentimiento tiránico, un reflejo de la inmortalidad del sentimiento, o una utopía desconocida, pero la fuerza o el poder de el alma a podido establecer un criterio cierto que relega a un segundo plano el orden establecido. Así la mansión de las creaciones tiene su lugar en el mundo desbaratado por la impertinencia social, que no es otra más que la reflexión donde el utilitarismo ya no lo es. La razón que lleva al hombre a conseguir un criterio acertado mueve las vanguardias. La política expansionista de la misión histórica refleja lo que el arte ha dado de si una, enorme densidad de moral y poder social. El mundo en este nuevo siglo no es como el antecesor, los sucesos a nivel religioso y la manifestación del terrorismo hace decrecer el apelativo imperante de la diversidad del conocimiento en las creaciones artísticas. Todo un mundo para el hombre, esa es la ley surrealista. Ello encierra en si no tanto tenebrismo como el legado de la creación que todavía no lo es.



La verdad encierra en si no solo esperanza sino un interés total por lo que tiene de bien, así es el arte muestra una verdad que da todo de si, y ello lleva a el artista a reconocer su lugar en el mundo. No del todo pero si en pequeñas porciones se establece un sentimiento empírico sin identificaciones ni transformismos mediáticos, la utilidad creacionista impera sin orden ni deficiencias. Es así que al establecer lo creado se conoce el enigma de la respuesta, la materia filosófica imperante del conocimiento se muestra. La forma en la que la reflexión ética participa del legado de una mente en puro desarrollo da de si la costumbre donde el ser es perfección. Es por ello que una reflexión siempre acertada implica otra reflexión.

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